Ania, princesa guerrera.

Ania, princesa guerrera.

       Me llamo Ania, soy una niña de 2 añitos y gran prematura. Os voy a contar la historia de porque soy una autentica luchadora.

Mis Papas, esperaban ansiosos la llegada de su bebe. Pero no imaginarían, que el embarazo solo llegase a los 6 meses de gestación, para ser más exactos a las 27 semanas. Todo iba con normalidad y nunca hubo ningún contratiempo, que indicase que yo nacería tan prematuramente. Pero días antes a mi llegada al mundo, mamá empezó a sentirse con unos dolores de barriga algo extraños, mucha hinchazón en todo el cuerpo, algunas décimas de fiebre. Tras examinarla tanto a ella como a mí, el diagnóstico fue claro, mama corría peligro por la tensión tan alta que tenía, y yo, ya no podía crecer más dentro de la tripita de mama.

Solamente 4 días aguantamos en el hospital de Ciudad Real, preparando todo para mi posible llegada. Dentro de la tripa de mama corría peligro y a mama le podía ocasionar secuelas muy graves, así que a las 8:00 horas 20 de agosto, los doctores, deciden que llega la hora de mi nacimiento, y sería mediante una cesárea de urgencia.

¡Y finalmente llegue al mundo!, tan solo 20 minutos después, siendo una bebe muy pequeñita, pero con tantas fuerzas, que quise que mi mama escuchara mi llanto. “Es muy buena señal que la niña haya nacido llorando” esas fueron las palabras de la neonatóloga a mi papa.  El primer aliento de esperanza que tuvieron por mí.

Fui una bebe de 660 gr. y 30 cm.  Aquí comienza la aventura de mi familia. A partir de ahora debía convertirme en una auténtica luchadora, y demostrar que todas las pruebas que me iba a deparar mi corta vida, las iba a superar.

       He sufrido muchos de los problemas que presentan algunos de otros bebes prematuros.  A las horas de nacer, nos trasladaron de urgencia al Hospital de Albacete, para operarme de una parte de mi intestino. Era una bebe muy inmadura, a la que tuvieron que ayudarme a respirar, a tolerar las poquitas gotas de leche que me daban en un principio, a someterme a muchas pruebas, a estar rodeada de cables y gomas. Todo lo necesario para ponerme fuerte y marcharme pronto a casa. Para mis papas aquella experiencia, parecía interminable. No se decidían en ningún momento a seguir preparando todas las cosas que necesitaría como el carro, mi cuna, mis mantitas, el miedo de que algún contratiempo surgiera, siempre estaba sus cabezas.

Pero tras 79 días de vivir en mi casita de cristal, la incubadora, y de volver a mi hospital de referencia, llegó el momento de llegar a casa. Con solo 1.800 kg. Y casi 3 meses de edad, hecha un pequeño reguñito, salía por la puerta de la UCIN, envuelta en los brazos de mi mamá. Porque ahora si comenzaba nuestra nueva vida, estando todos juntos.

     ¿Qué paso después?, pues poco a poco, a mi ritmo, mis papas aprendieron mi manera de crecer, que lo haría despacito, y con ayuda de los profesionales que necesitara. Las revisiones con los neonatólogos, con los neurólogos, atención temprana, y alguna que otra prueba más para ver mi correcto desarrollo. Y así hasta que poco a poco esas visitas se alargan en los meses, siendo todos resultados positivos.

Aprendo a comer alimentos ya más sólidos, a gatear, aparecen mis primeros dientes, sonrío llena de felicidad, y me convierto en una niña dentro de los percentiles estipulados, camino, corro, salto, comienzo a hablar muchas palabras, y mis papas comienzan a ser plenamente felices y a dejar atrás esos días tan duros que vivimos. 

Ser un niñx prematuro, no es algo negativo, es una condición y un conjunto de experiencias, que, teniendo esperanza, y muchas fuerzas se supera, y solo queda en un recuerdo, que a día de hoy nos fortalece cada día más.  ¡Te hace ser Un Pequeño Luchador!

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